LOS TRES ESCALONES DEL PUENTE
Para no ser arrastrados por la corriente del mal.
Las tres potencias del alma deben ser convocadas por la libre voluntad.
Para que Jesucristo esté presente en el alma.
LOS TRES ESCALONES DEL PUENTE.
Fijando entonces su misericordia sobre aquella alma, decía la divina Bondad:
Me ruegas que te explique cómo pueden salir del rio para llegar al puente. Tú sabes que todo mal está fundado en el amor propio, que es una nube que obscurece la luz de la razón y de la Fe. Yo creé el alma a mi imagen y , semejanza, dandole la inteligencia, la memoria y la voluntad.
[Todas ellas —por la íntima unión que entre ellas hay— tienen que participar en la decisión de servir y trabajar por Dios. No se puede poner al servicio de Dios una facultad y dejar a su antojo a las otras. Esto es, hay que reunirlas a todas en nombre de Jesucristo. Este paso previo, para que la libre voluntad no se deje guiar por la sensualidad, sino por la razón iluminada por la fe, es el paso previo para llegar al estado de gracia.]
El alma no puede vivir sin amor. Siempre desea amar alguna cosa, puesto que está hecha de amor y por amor fue creada.
La inteligencia es movida por el amor. El amor es el que llena la memoria de todos los beneficios que ha recibido de mí, y este recuerdo es el que hace al alma solícita y agradecida.
Si, por el contrario, la voluntad se pone a amar las cosas sensibles, la inteligencia sólo se fijará en las cosas transitorias. y el amor propio no encontrará más que disgusto en la virtud! placer en el vicio. La memoria entonces no se llenará más que de lo que le ofrece la voluntad sensual. Todo ello suscita la soberbia y la impaciencia. El amor ha cegado sus ojos de tal manera, que no ve más que estas falsas claridades, por lo que en ella aprecia de bien y de placer.
Ya te he dicho que sin mí los placeres del mundo no son sino espinas llenas de veneno, y que el entendimiento se engaña en su modo de ver, y la voluntad en el querer, amando lo que no debe, y la memoria en el recordar, recordando lo que no conviene. De esta manera el alma se priva de la gracia.
Es tan grande la unidad que hay entre estas tres potencias que no me puede ofender una de ellas sin que me ofendan todas. Si la memoria recuerda mi bondad y los beneficios que de mí ha recibido, y si la inteligencia considera el amor inefable que os he manifestado por medio de mi unigénito Hijo, entonces, la voluntad se unirá a las otras dos, amándome y deseándome a mí, pues soy su fin.
